Lanzarote en 4 días (parte 3 de 4)


Día 1: Viaje en avión y llegada a Playa Honda

Día 2: Mercado de Teguise, Ruta escénica, Yaiza, Salinas y Playa de Janubio, Charco de los Clicos, Hervideros, El Golfo

Día 3: Timanfaya, Mirador del río, Cueva de los verdes, Jameos del Agua y Haría

Dia 4: Caleta de Famara, quesería El Faro y Playa del Papagayo

Día 5: Vuelo de Regreso

Día 3: Timanfaya, Mirador del río, Cueva de los verdes, Jameos del Agua y Haría

Empezamos el día con Cagaprisas saliendo un ratito a correr por Playa Honda, probando patinetes eléctricos y dándose un baño en la playa después de la carrera. Doña Pucheros y yo todavía renqueábamos un poquito más en la cama después de la paliza del día anterior. Una vez listos, montamos en nuestro coche hacia el Parque Nacional de Timanfaya, cuya última erupción volcánica data del año 1730 la cual duró seis años, dejando devastados muchos pueblos de la zona sur de la isla y convirtiéndose Parque Nacional en 1974.

En cuanto a las formas de visitar el parque, las hay de varias formas:

-En autobús, la denominada Ruta de los Volcanes, que es un recorrido de unos 30 minutos desde el Islote de Hilario, que fue la opción que nosotros elegimos.

A pie por tu cuenta, siguiendo la ruta de la Caldera Blanca, una ruta circular de 9Km.

A pie mediante visita guiada, la ruta de Tremesana, la cual hay que reservar con mucha antelación en esta web (estuvimos pendientes varios meses antes y nos fue imposible). Es gratuita y de unas 3h de duración.

Nuestro fallo principal fue dirigirnos primeramente al centro de visitantes, ya que en el mismo ofertan muy poca información en los puestos de entrada y, aunque dentro del centro hay un museo de interpretación del Parque, nos advirtieron que no admitían la entrada a bebés en una simulación de la erupción de un volcán. Para acceder al parque pasando del centro de visitantes hay que ponerle al navegador Islote de Hilario. Por el camino, encontraréis unas puertas donde hay unos empleados del parque que os cobrarán entrada (12€/persona) y por supuesto en efectivo, como no podía ser de otra forma… Una vez lleguéis al Islote hay que abandonar el coche en el parking y dirigirse a los autobuses que salen cada 15-20 minutos del islote. Es un camino en el cual hay paisajes lunares impresionantes, cráteres y coladas de lava. Tiene bastantes curvas pero es precioso y digno de ver.

Paisaje desde el autobús Parque Nacional de Timanfaya

A la vuelta de la ruta en bus, en el Islote de Hilario puedes observar demostraciones de géiseres, ver una barbacoa geotermal y también hay restaurante y tienda de souvenirs.

A continuación emprendimos camino hacía el Mirador del Río (una hora de trayecto, el más largo de todo el viaje), al llegar hay un gran parking (donde hicimos un pequeño picnic, y Doña Pucheros se puso hasta arriba de leche) y una construcción, para la que cobran entrada (4,5€). Realmente las vistas son iguales por lo que nos quedamos con las vistas desde la carretera. Las vistas son una maravilla, se puede ver la isla de La Graciosa, y “El Rio” no es otra cosa que el Océano Atlántico, entre Lanzarote y la citada isla.

Vistas de La Graciosa desde el mirador de El Rio

Nuestro siguiente “Waypoint” es La Cueva de los Verdes. En nuestra planificación del viaje tuvimos muchas dudas de verla, por si sería posible con el bebé. Al final, porteo mediante, nos envalentonamos y todo un acierto, la guía desde el primer minuto nos dijo que si el bebé lloraba que tranquilos que para eso llevaba altavoces. Además en los baños situados en el parking hay cambiador, que nos vino de fábula. La cueva es un tubo volcánico, donde se puede ver incluso la última fase del río de lava que circulaba por dentro, ya solidificada por supuesto. Debe su nombre a que allí se resguardaba una familia de ganaderos a los cuales apodaban “Los Verdes”. El recorrido es de unos 45 minutos, y la guía explicó todo con mucho detalle. No es nada complicado para ir con un bebé, hay que agacharse unas cuantas veces, pero eso es lo más complicado… Dentro de la cueva hay una sorpresa que por supuesto no desvelaremos.

Continuamos nuestra excursión en los Jameos del Agua, que están a un minuto de la Cueva de los Verdes. Se trata de una construcción de César Manrique utilizando el mismo tubo volcánico que forma la Cueva de Los Verdes, el cual llega hasta el mar. Hay una zona inundada con agua de mar, donde viven unos cangrejos albinos endémicos diminutos. Es una gran cafetería-restaurante muy bonita y que en ocasiones hacen conciertos. Mientras veíamos a los cangrejos, Doña Pucheros decidió que era un buen momento para hacer sus necesidades, y descubrimos que aquí no había cambiador. Decidimos cambiarla en un banco ya que no había nada de gente, pues la hora ya era próxima a la de cierre. Un trabajador de limpieza se acercó a nosotros y pensamos que nos regañaría, pero nada más lejos… Nos ofreció ayuda.

Jameos del Agua

Acabamos nuestro palizón de día en el pueblo de Haría. Un rincón canario norteño típico que, aunque estaba un poco muerto porque acaban de ser los carnavales, nos sedujo por su sencillez y por lo castizo que es. Además tuvimos la suerte que nos pilló la super Luna. Es importante remarcar que en Haría hay un mercado de artesanía los sábados por la mañana que tiene buena pinta, pero que por desgracia no pudimos visitar.

Anochecer en Haría

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